El caballero de los Siete Reinos (Canción de Hielo y Fuego)

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Los héroes que precedieron al hielo y al fuego.

Antes del incesto poético, los dragones renacidos y las bodas teñidas de rojo, Poniente tuvo otro ritmo. Uno más seco, más polvoriento, más de camino rural que de trono de hierro. Entre las grandes casas y sus eternas disputas, germina la flor más inesperada del imaginario de George R. R. Martin: Ser Duncan el Alto y Egg, protagonistas de las tres primeras novelas cortas reunidas ahora en una flamante edición con más de 160 ilustraciones de Gary Gianni.

Estamos, pues, un siglo antes del grito de guerra de Daenerys, en un tiempo donde la palabra “dragón” evoca linaje más que amenaza, y los Targaryen todavía no han sido reducidos a estatuas de mármol en criptas humeantes. Es la época en la que caballeros andantes aún cabalgaban con la esperanza de hallar honor, aunque fuera enterrado bajo capas de corrupción feudal.

Ser Duncan el Alto es un espécimen raro en los anales del héroe medieval: grande en cuerpo, sí, pero también en torpeza, decente en intención y torpemente valiente. A su lado, el escudero Egg —apodo que no presagia nobleza, pero que esconde, como tantas veces en Poniente, más de lo que revela—. Este dúo funciona como una antítesis viviente: el alto sin mundo y el pequeño con toda la sangre del imperio corriendo por sus venas reales.

Como quien encuentra poesía en las notas al pie de una epopeya, esta colección ilustrada de El Caballero de los Siete Reinos no es una antesala, sino una joya en sí misma. Y en un mundo donde los dragones son metáforas de poder, Egg y Dunk nos recuerdan que la verdadera nobleza puede llegar a pie, cubierta de polvo, y con el estómago vacío.